El Arte de Hoy – Jorge Riveros

Jorge Riveros

LA GEOMETRIA DE BALBUCEO Jorge Riveros expone en la Galería Belarca su reciente obra donde trata de demostrar que esta ha tenido cambios y que en vez de someterse a una geometría rígida se atreve a una informal confusa.

En su monótono trabajo anterior los símbolos buscaban armarse dentro de una inflexible estructura, ahora esos mismos elementos rompieron con el esquema pero quedaron huérfanos de una formula y sin proyecto pictórico. Antes los símbolos geométricos buscaban un orden, ahora quedan sumidos en el desorden de una búsqueda son camino donde gestos que intentan libertad, resultan el rastro de la huella incontinente.

No se trata entonces de una pintura que atrae por su fuerza interna, y que a pesar de los cambios, no interpreta mundos interiores, ni sentimientos, ni presentimientos sino leyes de una pintura gastada por la historia. Y como siempre todo se queda en la superficie, en una chata y trasnochada ilusión de color que intenta representar una cierta anécdota, que no comunica. El espectador se enfrenta a un trabajo que es más festín de imágenes donde lo precolombino, que es argumento inicial, queda congelado en la constante repetición. No es un lenguaje interior lo que se expresa sino un léxico, bastante pobre, que repite. A las imágenes del pasado no pretenden recuperarlas, no busca encontrar en ella una manera de reflexionar sobre las implicaciones de la forma sino que ya dentro de su insistente pesadumbre geométrica solo queda un pretexto que lo sirve de argumento y a lo que le atribuye su coherencia.

La organización espacial busca una alternativa en el círculo planetario que es por lo general el elemento que aparente mente integra el desorden del fondo y en la superficie queda la marca de diversas texturas, pero la multiplicidad no da riqueza porque no logra unidad. Así la desarmonía es más caótica porque la ni la huella del pincel, ni la mancha, ni los diferentes gestos logran una cohesión en el cuadro: por el contrario, resultan actitudes sueltas que quedan insensible e irremediablemente atadas.

Ahora a la superficie plana de siempre le agrega una nueva piel postiza donde un mundo de los planos que superpuesto. Uno tras otro se suceden independientes, en desorden, en busca del caos planetario que acaba siendo una sumatoria de esfuerzos fallidos como el caos de la obra planeta nuevo donde se hace evidente que está buscando crear una textura grumosa pero quedan pegos tres, cráteres de una superficie fría, confusa y sin fondo. El rombo es un elemento que ha sido unaconstante en su trabajo y con el que distribuye el color “confeti”, pero a pesar de ello, en estos trabajos no logra crear un sentido profundo a la composición,
simplemente queda resuelto un ejercicio plástico. Y eso que tiene que ver con la actitud ante lo precolombino donde la forma es solo una huella lejana de la cual se agarra para mantener una propuesta geométrica que no es dinámica-nunca lo ha sido-si no que se aferra a un estatismo dócil. Y no evoluciona porque su actitud ante los símbolos del pasado no es reflexiva, simplemente evoca una transposición de figuras.

Esas imágenes son pretextos de color que se arman con la facilidad de un rompecabezas que se saben de memoria. Pero Riveros ha cambiado, ahora quiere ser menos rígido y evidente mente es caótico, quiere ser menos racional y es menos racional, quiere incluir la huella y el gesto y todo se lleva en una propuesta que no conoce los síntomas de una evolución certera.

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