Un giro por el universo particular de Jorge Riveros

Jorge Riveros

He ido a sentarme toda una tarde, y una tarde es la mitad de la vida del sol y de las efímeras, ante la cosmogonía que gira por el estudio de Jorge Riveros. Y en el fondo de la sala mi alma se ha preguntado, viendo esta galaxia de formas reiterativas y detonantes tonos, qué pensarían los seres extraterrestres si existieran y pensaran y llegaran y se encontraran frente a estos códigos que dan del mundo su concepto, a través de una luz que patina del ancestro futuro hasta nuestros aborígenes días.

Cada vez que quiero más a través del arte, me responde el maestro adivinando la inquietud de mi espíritu reportero, alcanzar a los antepasados. Cada vez quiero ser menos perfeccionista y volverme más primitivo. En el espacio del maestro todo está detenido, salvo el tiempo y los elementos. De sus esferas se desprende la música de los colores en un sostenido desconcentrante. Todo empieza con el círculo o con el sol, no se sabe cuál es más
perfecto, como que el uno es trazado con el compás que reclama Platón para la belleza del arte, y el otro con el dedo de oro del artista de todos los tiempos.

Y comienza a llover la geometría, van pasando los cuadros como astros por sus elipses. Constelado de símbolos, habla el aluvión de la vida de un hombre entregado al arte desde el origen, desentrañando la fórmula del misterio. Llega la invasión de los rombos, de los triángulos y de las flechas que suben y penetran y bajan, se multiplican y combinan y así expresan el rigor del artista que ya en vez de emplear la plantilla, delinea sus figuras conteniendo la respiración.

Propone el maestro Riveros un proceso que partiendo de un ala de lo figurativo  alcance el vuelo de lo abstracto con relaciones. Y esas relaciones implican al hombre hondo, vegetalizan lo concreto con un silbo ecológico, visten las luces de un indigenismo no por planetario menos telúrico, la percepción ambigua que perfila la intelección.

Ningún pintor armado de tan ardiente paciencia para emprender la aventura espiritual de una búsqueda a la vez cenital y desorbitada. En los tiempos en que el mundo era abstracto, el pintor Riveros rastreaba la creación entre el barro de lo figurativo. Como el mundo da tantas vueltas que marea a sus pasajeros, ahora que mucho de nuestro arte de moda viaja en el tren de la figuración, Jorge Riveros persiste en extraer del constructivismo geométrico abstracto emociones inéditas para el párpado perdurable.

Jotamario – 1988

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